Mayo 2022 

Volumen 101, Número 9

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La experiencia humana del silencio se ha vuelto cada vez más rara a lo largo de los años y décadas. La cacofonía de los sonidos puede ser alarmante cuando no estamos acostumbrados al ruido de nuestro ambiente. Puede alterar nuestros nervios. Sin embargo, qué rápidamente nos adaptamos y lo consideramos como una parte normal de la vida cotidiana. Mi casa en Chicago está cerca de unas vías del tren muy ocupadas y sobre la ruta aérea hacia el Aeropuerto Midway a menos de cinco millas de distancia. La mayoría de los días están llenos de sonidos de aviones, trenes y automóviles. Sin embargo, a veces, muy tarde por la noche o temprano el domingo, el vecindario está maravillosamente tranquilo. No me llevó mucho tiempo aprender a cómo ignorar estos ruidos intrusos. Sólo los noto cuando interrumpen mi plática o cuando estoy escuchando. Sin embargo, ¿en realidad bloqueo todos los efectos del ruido? ¿Todavía alteran mis nervios en maneras menos obvias?

 

Cuando encontramos el silencio, a menudo hay una cierta incomodidad o dificultad asociada con él. Sentimos como si tuviéramos que llenar el silencio con televisión o radio o con nuestras propias voces. Además, cuando encontramos silencio, sentimos como que estamos malgastando nuestro tiempo o estamos haciendo nada. ¿Podemos estar cómodos con la idea de hacer nada por un periodo de tiempo largo y permitir que el silencio envuelva nuestro ser?

 

Dos escritores-observadores contemporáneos expresan algo de esperanza que al final reconoceremos nuestra necesidad por el silencio.

 

Gordon Hempton se describe a sí mismo como un activista acústico. Piensa que todos los sonidos no deseados creados por el hombre son ruido contaminante. ““Es tan emocionante estar vivo hoy... porque estamos tomando estas decisiones en lugar de vivir una vida de suposiciones donde la tranquilidad no es importante. No hace mucho, se suponía que… el agua limpia no era importante –pero ahora lo es, y la estamos limpiando… Y ahora creo que nos estamos dando cuenta que el silencio es importante, y necesitamos silencio: ese silencio no es lujo, pero es esencial. Es esencial para nuestra calidad de vida y para ser capaces de pensar con claridad”. 1

 

Pico Iyer nota que la sabiduría de la quietud se remonta al menos al siglo XVII, cuando el filósofo francés Blaise Pascal comentó que todos los problemas del hombre provienen de su incapacidad para sentarse solo en silencio en una habitación. Iyer comenta: “Nada me hace sentir mejor –más calmado, más claro y más feliz- que estando en un lugar, absorto en un libro, una conversación, una pieza de música. En realidad es algo mucho más que sólo felicidad: esto es gozo”. 2

 

Nuestras tradiciones religiosas han valorado históricamente el silencio en la oración y la liturgia hasta cierto punto, aunque eso tal vez se haya erosionado a lo largo de los siglos. En un momento, mi parroquia estructuraría intencionalmente periodos de silencio de 30-60 segundos después de cada lectura, la homilía y la comunión –sin música ni acción ritual, sólo sentados en silencio. Tristemente, esa tradición se ha perdido con el pasar de los años.

El misterio de la presencia de Dios entre nosotros está envuelto en el silencio. El Papa Francisco le dijo a una congregación en la misa matutina del 20 de diciembre de 2013 que los cristianos deberían buscar “la gracia para amar el silencio”. “Cada uno de nosotros conocemos qué misteriosamente el Señor trabaja en nuestros corazones, en nuestras almas”, el Papa dijo. “El silencio es lo que guarda el misterio”. 3

 

En los Evangelios, que Jesús busque la soledad y la oración en un lugar tranquilo nos habla más fuerte que todos los libros que se han escrito sobre la oración y el rezar.

 

Mt 14,22-23 - Entonces Jesús hizo subir a los discípulos a la barca, mientras él despedía a la multitud. Después de hacerlo, subió solo a la montaña para orar. Cuando llegó la noche, él estaba allí solo. (También Mt 6:45-46)

 

Mc 1, 35-37 - Levantándose muy de mañana, antes del amanecer, salió Jesús y se fue a un lugar desierto, donde oraba. Simón y los que estaban con él lo persiguieron y al encontrarlo dijeron: “Todos te buscan”.

 

Lc 5,15-16 - La noticia de Jesús se difundió cada vez más, y se reunían grandes multitudes para escucharlo y ser curados de sus dolencias, pero él se retiraba a los lugares desiertos a orar.

 

Jn 6,15 - Sabiendo Jesús que iban a venir a llevárselo para hacerlo rey, volvió a retirarse solo al monte.

 

El silencio es más que la ausencia de silencio. De hecho, la reflexión en silencio incluye a la música o la naturaleza de fondo. Sentados en silencio con alguien más no imposibilita la comunicación. Los ojos y la postura corporal pueden comunicar muchas cosas –especialmente sentimientos. El silencio realza la atención y la presencia. El silencio y la reflexión pueden guiarnos a valorar el misterio y el ser. Nuestra sociedad valora el conocimiento y el hacer, a menudo excluyendo o desplazando los valores del misterio y el ser.

 

SPRED nació con un sesgo incorporado hacia el silencio –y está estructurado en varias partes de la sesión de preparación para catequistas y en las sesiones con la comunidad total. En nuestras sesiones de preparación para catequistas, empezamos con la lectura de la selección literaria. Después de la lectura, un resumen y una pregunta nos llevan hacia veinte minutos de reflexión en silencio –con música instrumental de fondo. La duración del tiempo es necesaria, como adultos ocupados en un mundo agitado, para reducir la velocidad y formar una respuesta significativa y personal a las preguntas en línea con la meta de la sesión. Ofrecemos nuestra experiencia singular, rica en detalles y con sentimientos/recuerdos/misterio humanos que han sido evocados en nosotros, como un regalo para nuestros compañeros adultos de SPRED. Hemos llegado a valorar ese periodo callado y el subsiguiente compartir como elemento principal de unión de los catequistas entre sí como comunidad de fe.

 

En las sesiones con la comunidad total, los observadores a menudo señalan las interacciones limitadas entre catequistas y sus amigos sentados junto a ellas. En cambio, el entorno es tranquilo y se centra en la actividad y la elección de la actividad. Nuevamente, se necesita tiempo, como adultos ocupados y amigos con otras habilidades, para reducir la velocidad y prepararse para escuchar y participar en la catequesis de SPRED. Mientras pudiera haber pocas palabras habladas entre catequista y su amigo especial, sería incorrecto decir que no hay comunicación y no está sucediendo la vinculación.

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La actividad compartida que cada uno ha elegido se vuelve un medio de comunicación y un terreno fértil para la sesión.

 

En cada sesión, otro periodo querido de silencio ocurre después de la expresión personal –consistiendo de un canto o salmo con gestos sagrados. Todos se sientan calladamente mientras la catequista guía pone música instrumental clásica por uno o dos minutos. Si la catequista guía está cómoda con el silencio y ve el valor de esta coda a la catequesis, la música se silencia por unos segundos hasta unos minutos. Yo, personalmente, le pregunto a Dios en silencio: “¿Qué ha sucedido aquí?” la calidad de este silencio es un indicador de la calidad de la sesión para muchas catequistas guías.

 

Con frecuencia he escuchado al P. James McCarthy decir: “En muchas maneras SPRED es un ministerio del silencio”. He reflexionado en esa declaración por muchos años. Si bien aún no estoy seguro de la plenitud de todo lo que se pretende con esta declaración, he vislumbrado en SPRED lo que sugiere un "ministerio del silencio".

 

La Hna. Mary Therese Harrington a veces hablará de los orígenes de SPRED con el P. canadiense. Euchariste Paulhus y el P. Jean Mesny que era francés. Como creadores del Método Vivre, usado por SPRED, ellos insistían en la belleza de los ambiente, en las experiencias humanas universales y en mensajes cristianos auténticos comunicados con intensionalidad simbólica que incluyan libertad para dar y recibir. La Hna. Mary Therese describe al P. Mesny como un místico. Una entrevista con él de 2004 nos ayuda a entender por qué este método se reestructuró como está.

 

La participación del padre Mesny en la catequesis especializada data de 1952 y su colaboración con el P. Euchariste Paulhus, alcanzó un punto crítico en 1956. “Para encontrarnos, en la catequesis, con estos jóvenes (con discapacidades intelectuales y del desarrollo), que encarnaban otra forma de vivir, otro marco de un sistema de pensamiento tan básico, tan real y tan vivo, parecía urgente para mí trabajar en esta investigación.” Reflexionando sobre su trabajo, el P. Mesny dijo: “El Método Vivre es bastante inquietante y requiere de la introspección personal de los catequistas. Se apoya en las fuerzas activas del ser humano en el corazón de quien obra el Espíritu”. Cuando se le preguntó quién influyó en él, P. Mesny menciona a varios teólogos franceses de su época, incluyendo a Henrin de Lubec, S.J., y Yves Congar, O.P., quienes tuvieron una influencia significativa antes, durante y después del Concilio Vaticano II (1962-1965), así como el teólogo suizo Hans von Balthasar. ¿Quién hubiera pensado que el silencio y el modelado del silencio jugarían un papel tan importante en la catequesis de personas con discapacidades intelectuales y del desarrollo? ¿Quién podría haber imaginado que un ministerio del silencio sería tan importante para tantos catequistas adultos? Es posible que hayamos pensado que solo estábamos ayudando a los menos afortunados, cuando hemos sido transformados por este ministerio.

 

Larry Adams

Catequista del Equipo de Entrenamiento, Representante Parroquial

Spred Chicago

 

1. Gordon Hempton, “Silence and the Presence of Everything,” On Being with Krista Tippett (May 10, 2012).

2. Pico Iyer, “The Joy of Quiet” New York Times, (December 29, 2011)

3.”God comes in silence, Pope reminds congregation at morning Mass.” Catholic World News (December 20, 2013)

4. SPRED Newsletter (February 2013) to honor Fr. Jean Mesny who died on January 5, 2013

 

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