Octubre 2021

Volumen 101, Número 2

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Hay un negocio en mi vecindario cuya marquesina expresa varias maneras de ser amable. Una expresión dice: te deseamos palabras amables. Otro dice: te deseamos pensamientos amables. Otro dice: te deseamos un corazón amable. Luego dice: Sé Amable.

 

La palabra, amable, tiene varios significados: de una naturaleza amistosa, generosa u hospitalaria, afectuosa, buena, agradable, caritativa, servicial, mostrando compasión o comprensión, considerado, cortés, cordial, simpático, acogedor, tolerante. American Heritage Dictionary

 

En el Diccionario del Nuevo Testamento, Vol. 2, la palabra griega para amable (chrestos) significa suave, simpático, bueno, honorable.

 

Amabilidad es uno de los frutos del Espíritu Santo que se nos da libremente en la Confirmación. Recuerdo que nos enfocamos en la amabilidad para uno de nuestros Días de Reflexión de Spred. Conforme leíamos todo el material de apoyo, pasábamos el día considerando una experiencia de amabilidad recibida de los demás. Al final del día, compartimos con los demás nuestras sesiones escritas. Esto nos ayudó verdaderamente para empezar a desentrañar este fruto del Espíritu Santo.

 

Recientemente leí un artículo acerca de Juliana de Norwich que vivió en el siglo catorce y fue una mística y una autora espiritual. Era una anacoreta inglesa cuya teología estaba basada en la noción de la amabilidad de Dios. En inglés de la edad media, la palabra amabilidad, tiene un complejo conjunto de significados. En esa época, el uso de la palabra amabilidad indica la benevolencia que hoy reconocemos cuando hablamos de alguien que es amable. También indica la naturaleza de una cosa, qué clase de cosa a veces es, como en humanidad. Entonces, en alguna parte entre benevolencia y naturaleza, la amabilidad indica la relación entre aquellos que comparten una naturaleza común –por lo tanto las palabras familiares y parientes. El uso de Juliana de este término comprende todos estos significados. 1

 

Cuando amabilidad se aplica a Dios, se trata de la abundancia de la bondad de Dios y la fidelidad de la alianza de Dios. Sentimos la amabilidad de Dios, el amor misericordioso de Dios.

 

El Papa Francisco habla acerca de recuperar la amabilidad. El dice: “Hoy no suele haber ni tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir “permiso”, “perdón”, “gracias”. Pero de vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia… cuando se hace cultura en una sociedad transfigura profundamente el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar ideas.” 2

Soy catequista en un centro de Spred donde he estado en el mismo grupo por varios años. Estoy asombrada en cómo mis compañeros catequistas y yo esperamos con ansias reunirnos para nuestra Sesión de Preparación para Catequistas. A cada catequista que llega se le saluda calurosamente por nombre. Es un sentimiento maravilloso ser recibido con amabilidad.

 

Cuando todos han llegado y han sido saludados calurosamente, empezamos nuestra retroalimentación de la última vez que estuvimos junto con nuestros amigos con habilidades diferentes. A cada catequista se le da tiempo para compartir perspectivas de nuestra última vez juntos. El compartir de cada persona provoca una conversación. Alguna catequista podría haber notado algo pertinente para la conversación. Esto agrega riqueza a nuestro compartir.

 

En el cuarto de celebración, cada uno en esta comunidad de fe de catequistas adultas comparte una historia personal relacionada al enfoque del día. Hay una pausa antes de que la siguiente persona comparta. Considero la pausa útil para entrar más profundamente al silencio. Entonces me abro más fácilmente para escuchar el compartir de la otra persona y preparar mi propia historia.

 

Durante el ágape, la mesa de compañerismo, a menudo escucho “por favor” antes de pasar lo que cualquier desee de nuestra mesa bellamente puesta. Después de pasarlo a la persona, escucho “gracias”. En nuestras conversaciones, nos aseguramos que todos sean incluidos. Con frecuencia aprendemos algo nuevo. Una conversación en particular fue acerca del vecindario de Bronzeville en Chicago que era parte del trabajo de un curso de alguien. Este compartir nos dio muchos conocimientos de este vecindario.

 

En una sesión total con todas las catequistas y nuestros amigos con diferentes habilidades, saludamos cuidadosamente a todos como lo hicimos con nuestras compañeras catequistas en la sesión de preparación. Todos amamos ser llamados por nuestro nombre y ser bienvenidos calurosamente.

 

Mientras nos preparamos para nuestra catequesis, necesitamos apoyo de vez en cuando. Sinceramente agradecemos a la catequista de actividades por su ayuda. Tal vez otra catequista nos ayuda con una actividad al traernos otro papel mientras estamos involucrados pintando. Muchas veces he experimentado la ayuda de nuestra catequista de actividades porque ella estaba consciente de mi necesidad antes de que le pidiera ayuda. Esto me hace sentir tan cómoda que puedo involucrarme más profundamente en mi trabajo.

 

En el cuarto de celebración, con frecuencia he necesitado apoyo de la catequista de actividades para ayudar a mi amigo a sentirse más cómodo en el ambiente. Esto le dio el apoyo que necesitaba para estar con nosotros y vivir la presencia del Misterio.

 

Durante el ágape, toda nuestra comunidad trabaja junta para arreglar la mesa, colocar las sillas, servir la bebida en las jarras y llevar lo necesario a la mesa. Hemos colocado juntas todas las mesas para que podamos compartir los alimentos más fácilmente. Nos volvemos una familia compartiendo la comida y la bebida. Nuestra conversación a menudo cambia a cantar una canción que incluye el nombre de cada uno. Muchas veces usamos las palabras “por favor” y “gracias”.

 

Al final del día, cantamos nuestra canción de despedida. Llamamos a los demás por su nombre mientras decimos adiós, hasta la próxima vez.

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El expresar amabilidad no sólo es cuando nos reunimos para nuestras sesiones de Spred. La amabilidad necesita ser expresada donde trabajamos, donde hacemos nuestras compras y donde vivimos. Al trabajar en la oficina de Spred, estoy consciente de que no nos damos por sentado, sino que vivimos actos de bondad. “Serías tan amable en ayudarme” y “gracias” se escuchan a menudo. Esto crea una atmosfera placentera en el ambiente laboral y nos ayuda a todos a crecer en amabilidad. Esta se desborda hacia nuestros ambientes hogareños mientras interactuamos con los que amamos. Hay muchas maneras de crecer en amabilidad incluyendo donaciones caritativas. Hoy somos conscientes especialmente de muchas organizaciones y grupos que necesitan fondos, tales como El Depósito de Alimentos de Chicago, la Sociedad de San Vicente de Paul en nuestras parroquias u organizaciones trabajando para obtener agua limpia en muchos lugares.

 

En el Libro de los Proverbios se nos da sabiduría tocante a la amabilidad:

 

“Los labios del justo hospedan la bondad; y la boca de los malvados, la perversidad”. (10:32)

Una pena íntima deprime el corazón del hombre, mientras que una palabra amable lo alegra. (12:25)

¿No es perderse maquinar el mal? La bondad y la sinceridad ¿no son para los que se dedican al bien? (14:22)

Oprimir a los débiles es ofender a su creador; el que tiene compasión de los desdichados lo honra. (14:31)

El justo medita amablemente antes de responder, pero la boca de los malos rebosa maldad. (15:28)

Una mirada amable alegra el corazón, una buena noticia vigoriza los huesos. (15:30)

Por la bondad y la fidelidad se expían las faltas, y con el temor del Señor se evita el mal. (16:6)

Las palabras amables son un panal de miel, dulce al paladar y saludable para el cuerpo. (16:24)

El que es amable con el pobre presta al Señor, y él le devolverá el bien que hizo. (19:17)

El que va tras la justicia y la fidelidad encontrará vida, justicia y honor. (21:21)

El hombre generoso será bendecido, porque comparte su pan con el pobre”. (22:9)

 

Cuántas veces extendemos nuestra amabilidad a nuestras compañeras catequistas y a nuestros amigos, así como a sus familias, al estar presentes en una liturgia de funeral o un velorio, o al enviar tarjetas y regalos de cumpleaños, Navidad y Pascua. Durante este difícil momento de enfrentarse a la pandemia, llamamos por teléfono, enviamos tarjetas, o nos conectamos por zoom.

 

El Papa Francisco nos recuerda que somos creados a la imagen y semejanza de nuestro Dios. Necesitamos respetarnos unos a otros y recordar que cada uno tiene dones y talentos diferentes para compartir. El nos recuerda que “un catequista es un cristiano que recibe un llamado particular de Dios. Para este llamado, el catequista participa de la misión de Jesús que conduce a sus discípulos a la relación filial con el Padre”. 3

 

Tratamos de imitar a Dios que es amable y misericordioso.

 

                                                Elizabeth Sivek

                                    Trabajadora Religiosa Comunitaria de Spred, Chicago.

 

 

1. Frederick Christian Bauerschmidt, “Order, Freedom, And Kindness, Julian of Norwich on the Edge of Modernity,” Theology Today, April 2003

2. Pope Francis, Fratelli Tutti, On Fraternity and Social Friendship, #223, Libreria Editrice Vaticana, 2020

3. Pontifical Council for the Promotion of the New Evangelization, Directory for Catechesis   #112, Liberia Editrice Vaticana, 2020

 

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