Enero 2022 

Volumen 101, Número 5

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Mientras se abre el telón para anunciar un Año Nuevo, me acomodo cautelosamente en el escenario, acunando una mezcla de desconcierto, asombro y promesa, y aún para comenzar, quiero compartir mi consuelo de las siguientes palabras de sabiduría.

Si puedo mirar el año nuevo como una oportunidad para pararme en un terreno nuevo, entonces la fuerza y el coraje están de mi lado. Recordaré que las cosas funcionan... no porque yo lo dije, sino porque yo lo creo. Pero es el tiempo de hacer las cosas correctas, permanecer en el sendero. Como el agua corre fresca y libre desde el manantial del bosque, así la vida nueva y el significado burbujearán desde mi propia fuente interior. Estaré quieto y estable, porque no hay nada que se gane mostrando temor en un mundo caótico.¹

Me atrevo a entrar a la compañía honorable de una respetuosa maraña de autores, poetas, terapistas, clérigos y gurús espirituales cuya amplitud y profundidad de intuición va mucho más hondo que la mía. Sus meditaciones sobre el tormento de los pasados años—algunas humorosas, algunas profundamente introspectivas—calmaron mi propio enredo en el miedo y la confusión. Sus ensueños talentosos me han dotado de coraje para imaginar un futuro de posibilidades y desengancharme del pantano turbio de la inmovilidad.

Y así, las puertas de nuestro cuarto de reunión de SPRED en el centro parroquial Reina de los Apóstoles se abren de par en par para dar la bienvenida nuevamente a nuestras catequistas y amigos con la llegada de octubre. La mascarilla no pudo obscurecer la emoción y el afecto que irradiaban tanto de catequistas como de amigos. Mi amigo me saludó cómodamente con un simple choque de puños e hizo el esfuerzo de susurrar mi nombre. Los padres de familia encantados se saludaban unos a otros para celebrar la reunión que habían imaginado y planearon cuidadosamente por más de un año. ¡Volvimos!

Nuestro cuarto sagrado brillaba con una frescura de bienvenida. Los muebles se habían reordenado, algunos removidos, para proporcionar espacio y facilitar el movimiento por el cuarto. Sentarse en cada mesa proporciona amplio espacio entre catequista y amigo. Las actividades conocidas brillaban, desinfectadas y presentadas cuidadosamente para provocar la exploración y proporcionar comodidad.

Nuestra actividad del silencio —nuestro rito sencillo de elección— intensificaba la anticipación de cada miembro mientras disfrutaban de su saludo especial y su llamado personal para ir a su lugar en el círculo de celebración —nuestro cuarto sagrado. Una modificación ligera se hizo para permitir espacio cómodo entre cada silla. La comunidad rodeó al Libro Sagrado que estaba entronado sobre nuestra mesa artísticamente tallada y estaba adornado con flores y una vela. ¡Estábamosen casa!

La catequesis se desarrolló con un espíritu de gratitud y alegría—una reunión sagrada. La reverencia personal y devota que acompañó el mensaje provocó un sentido de lo sagrado y una garantía profunda de que Dios está con nosotros. Celebramos con movimientos sencillos el canto que siguió. Con las manos libres, encontramos una expresión personal desde el interior.

El ágape —nuestra comida de compañerismo- nuestra evocación de una comida Eucarística —profundizó nuestra atención hacia la otra persona y un apreció del desarrollo de esta tarde bendita. Se juntaron las mesas, cuidadosamente arregladas para dejar amplio espacio entre cada persona. Las mesas se vistieron con nuestros manteles especiales, vajilla, flores y velas. Cada miembro tomó su lugar. Las catequistas de actividades y guía se movían alrededor de las mesas para colocar un bocadillo tentador en cada plato seguido de una bebida simple y deliciosa. Una oración de agradecimiento llevó hasta la invitación para entrar al banquete —el partir el pan; disfrutar de la sabrosa ofrenda: tomarse el tiempo para saborear el regalo.

Se repusieron las máscaras, y nuestra familia de SPRED se deleitó con las risas y la conversación. La tarde terminó con una sensación de gratitud profunda, mientras celebrábamos con nuestro canto de despedida. ¡Sí! ¡Regresamos! ¡Todo está bien!

Hace casi dos años, como estábamos muy conscientes, la vida fue alterada dolorosamente. Los programas de SPRED por todo el mundo fueron forzados a cerrar sus puertas y poner el ministerio en el armario. Y así, nos retiramos por un tiempo, en nuestros rincones obscuros del miedo y la desesperación. Estabamos congelados en el tiempo sin la habilidad para imaginar la proverbial luz al final del túnel. Cuando las puertas de la iglesia cerraron y los ministerios pararon, perdimos nuestro sentido del propósito. Y por un tiempo, necesitábamos revolcarnos en el lodo. La resurrección exigiría una medidac ompleta de fe, esperanza y confianza. En la compañía de las masas, me encontré a mí misma atascada por un tiempo

envuelta en la sombra del imponente demonio.

Seis meses de la pandemia, el profundo vacío en mi vida sin SPRED me urgía a explorar y luchar con nuevos escenarios para la prometida reunión. Se me ofreció regresar a mi oficina y al edificio que alberga nuestro lugar atesorado de reunión, como exploradora solitaria. Pasé tiempo meditando y probando la viabilidad del resurgimiento. Me senté en el ambiente de bienvenida de nuestro cuarto de celebración en oración y reflexión. Una vez que había absorbido la idea de que el regreso de nuestras comunidades de SPRED implicaría ajustes y re-acomodo, gradualmente abracé el potencial de renacimiento. Me sumergí en un encuentro fresco e excitante con las posibilidades que esperaban descubrimiento. Anhelando el renacimiento, todo mi ser abrazaba una perspectiva nueva. La vida había cambiado y se había alterado permanentemente, preparando el escenario para una nueva perspectiva.

Mi corazón me informó que el honor debe impulsar toda imaginación. No habría renacimiento sin un respeto inherente para nuestros amigos y sus familias, así como para las catequistas y sus familias. Lo primordial en mi trabajo de planeación debe ser un aprecio profundo por el Método SPRED y el ambiente cuidadosamente preparado que es esencial para el proceso catequético.

A medida que se desarrollaba el año venidero, las comunidades de SPRED por todas partes exploraban lugares creativos para mantener contacto con sus amigos. Reuniones por Zoom; visitas a los hogares para dejarles galletas y otros tesoros; cantos de Navidad y golosinas; llamadas por teléfono y visitas evidenciaron una abundancia de amor por todo el mundo. Encuentros cariñosos anunciaban el hambre profunda por la reunión. Todos se aferraron tenazmente a la esperanza.

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Después de un año de reflexión, una serie de 4 reuniones atrajo a más de ciencatequistas de SPRED para explorar las posibilidades. Los puntos a considerar incluían la preparación del espacio de reunión; medidas de seguridad; seguir los protocolos de seguridad de las diferentes diócesis, y má simportante, era la inclusión de todas las catequistas y familias de nuestros amigos en cualquier discusión. La honestidad y el diálogo abierto serían el sendero más seguro para responder a los temores, esperanzas y comodidad de todos. No habría espacio para presunciones. Acordamos buscar la sabiduría de los padres de familia y sus hijos quienes a menudo soportan tantas tormentas como rutina diaria.

El autor Paul Wadell compartió esta historia hace años. Hace eco de la historia de muchos.

Nos ha nacido un niño, se nos ha dado un hijo, pero no era el hijo que esperábamos. Dos meses antes y jadeando por la vida, el regalo de esta mañana de Navidad los tomó por sorpresa y cambió sus vidas al revés. Su pesebre fue una mesa pequeña y plana en la unidad neonatal donde no se espera que sobrevivan los niños. No estaba envuelto en pañales sino en agujas, cinta y tubos que cubrían cada pulgada de su carne inocente. El nació con parálisiscerebral.²

Miramos a los amigos a los que damos la bienvenida y a los padres que caminan con ellos para inspirarnos. Ellos son testigos poderosos de la tenacidad necesaria para enfrentar los desafíos de avanzar en la fe. Desde el nacimiento, han aprendido a maniobrar y doblarse en la búsqueda de un lugar respetuoso en la vida. Desde su nacimiento, nuestros amigos entraron a una arena que los empuja, los aguijonea y los moldea para ajustarlos a las expectativas de la sociedad. Los padres de familia se levantan cada día para hacer ese viaje con ellos. Su perseverancia puede servir como inspiración para abrazar lo desconocido, la intolerancia y lo incómodo por el bien del amor. Ellos nos mostrarán el camino.

Hoy, mientras manejaba todo el Lake Shore Drive, amenazantes nubes grises encapotaban el horizonte de la ciudad. Se envolvían amenazadoramente alrededor de los gigantes del centro de la ciudad de Chicago insinuando el presentimiento de la nieve. Mientras las comunidades de SPRED abrazan los bocados de esperanza esperando en cada mañana, ellas inspiran a otra comunidad para anhelar el regreso.

El invierno es un tiempo de recuerdos. El invierno nos permite un momento para evaluar dónde hemos estado y las posibilidades de nuevos senderos. Conforme pasamos el solsticio de invierno, y miramos en la promesa de la luz, esto es una invitación para abrazar una actitud de esperanza.

La antigua rueda Celta del año honra no sólo los giros trimestrales obvios del sol y estaciones, sino los puntos medios más finos, o cuartos-cruzados que señalan que el cambio es constante; incluso en un año que gira predeciblemente alrededor del sol, regresa a donde hemos estado, y todo es nuevo otra vez.
Un cotillón siempre cambiante pero prescrito. El baile conocido con la música del Misterio y celebrado en el salón del Amor.³

Julia Hess, Trabajadora Religiosa Comunitaria
Centro SPRED de Recursos Reina de Apóstoles

 

  1. Helen Exley, In Beauty May I Walk, Words of wisdom by Native American Indians, Creative Ltd. 1997.

  2. Paul Wadell, Developmental Disabilities and Sacramental Access, Pondering the Anomaly of God’ Love. The Liturgical Press, Collegeville, MN 1994.

  3. Catherine M. Omeara, The daily Round, The Quickening of the Year, February 1, 2021.

 

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